La conducción nocturna tiene ventajas e inconvenientes. Hay poco tráfico y en verano permite viajar sin el agobio del calor o del aire acondicionado. Si se consigue conducir relajado, la noche reporta muchas satisfacciones.
Los principales problemas son la peor visibilidad y los deslumbramientos. Ambos pueden mitigarse con unas pocas cautelas.
- Limpiar bien el parabrisas por dentro y por fuera. Nunca se aprecia demasiado, pero el parabrisas se ensucia por dentro con mucha facilidad y esta capa de polvo dificulta mucho la visión durante el crepúsculo, con el sol de frente, y en la oscuridad con faros de otros coches. Un cristal bien limpio por dentro y por fuera contribuye a ver mejor y por tanto a conducir con menos tensión y menor cansancio.
- Limpiar también el cristal de los faros. Especialmente en verano, las paradas no deben venir marcadas por la necesidad de repostar combustible, sino por la necesidad de ver bien. Limpiar los faros y el parabrisas con frecuencia alivia el esfuerzo para ver. También de día es imprescindible limpiar el parabrisas a intervalos cortos, cuando se ensucia con insectos.





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